Una de las competencias
más útiles para mejorar las dinámicas y la productividad de una organización es
la inteligencia emocional, entendida como la capacidad de comprender las
emociones propias y ajenas desde un contexto objetivo para interiorizarlas y
manejarlas en pro de las relaciones interpersonales y la relación con uno
mismo.
Uno de los deberes del área de Recursos Humanos en
las organizaciones es definir las competencias claves
que se deben contratar, promover y formar en una organización desde los valores
y la cultura que se desee construir.
Se pueden evidenciar tres razones puntuales para incluir inteligencia emocional
entre las competencias clave de una organización.
1. Manejo de conflictos:
Como lo afirma el gran conocedor de inteligencia
emocional, Daniel Goleman, entre más temprano se reconozca una emoción y su contexto, más tiempo
habrá para poder manejarla.
Uno de los mayores inconvenientes organizacionales es el manejo de las
diferencias interpersonales, por falta de comprensión y tolerancia entre
compañeros de trabajo.
Las diferencias se escalan a conflictos internos que
disminuyen la productividad, pues
las personas cuando trabajan bajo el efecto de emociones negativas como el
estrés, la ira o la tristeza, su cabeza está enfocada en pensamientos negativos que además no son
referentes a la actividad laboral en sí.
Cuando se promueve la inteligencia emocional en nuestros colaboradores, se cambia
la dinámica de la
interacción al encontrar diferencias. El cambio se da pues los involucrados en
el conflicto pueden pararse desde un observador distinto, guiar sus pensamientos a entender el
contexto tanto de sus emociones como las emociones de los demás involucrados,
abriendo puertas a la tolerancia y la negociación.
Además de ello, se disminuye el tiempo invertido en la resolución de
conflictos interpersonales y se forma un diálogo positivo, respetuoso en todo caso y en pro de unir la
fuerza laboral. La influencia de la inteligencia emocional en el diálogo es fundamental, para poder expresar lo
que se quiere transmitir en función de que la otra persona puede interpretarlo
entendiendo su forma de pensar y sentir.
2. Negociaciones:
En el ámbito de las negociaciones tiene una
influencia tanto con el cliente interno como con el cliente externo. Las
negociaciones funcionan en gran parte desde la interpretación del lenguaje (verbal y no verbal) de las
partes para poder persuadir y llegar a acuerdos.
Las negociaciones están presentes todo el tiempo en una
organización tanto para resolver conflictos internos como para temas externos y
alcanzar objetivos organizacionales.
Las negociaciones se presentan en cerrar ventas, generar acuerdos internos,
conciliar con clientes, manejar presupuestos, entre otros.
En este punto la inteligencia emocional es clave
pues figura como reguladora del
comportamiento. Los negocios guiados por la inteligencia emocional tienden a
tener resultados más positivos,
pues las personas conectan de un mejor modo y se facilita la comunicación.
3. Auto-liderazgo:
La última ventaja de promover la inteligencia
emocional es su contribución al auto-liderazgo. Esto implica que al conocer
mejor el sistema emocional de
cada uno, se genera consciencia de si mismo lo cual ayuda a la auto-regulación
y la automotivación.
Uno de los retos actuales de recursos humanos es poder cumplir con las expectativas motivacionales de las
diferentes generaciones y personas de las organizaciones para mantener
optimizada la productividad de cada uno de estos desde su sentido de pertenencia y felicidad en el
trabajo.
En este punto, la inteligencia emocional es
perfecta para tener colaboradores más productivos desde sí mismos, sin
responsabilizar su productividad por resultados de la compañía en sus políticas
de bienestar y compensación. Cuando los colaboradores son responsables de sí mismos y son autocríticos, encuentran con mayor
facilidad tanto oportunidades de mejora como la motivación para mejorar.
Además, permite a los colaboradores a empoderarse de sus procesos
laborales, desde el empoderamiento de sus procesos interiores referentes a sus emociones y ser
conscientes estas qué tanto afecta positiva o negativamente su desempeño y así alimentar las
emociones que sean positivas y regular las negativas.
Aunque
la inteligencia emocional parezca un concepto ambiguo, al ponerla en práctica
en las organizaciones es de gran utilidad para el aumento de productividad
desde una variable intrínseca en el trabajador. Lo importante es no solo
tenerla presente como competencia, sino en el proceso de selección medirla para
asegurar un talento regido bajo las mismas competencias claves y valores.



